Restauración

La relación entre la restauración y Mariano Nieto Pérez va más allá del puro vínculo laboral y entronca directamente con el empoderamiento de esta figura profesional. Y es que Nieto fue el impulsor de una iniciativa pionera entre la Diputación de Valladolid y el Ministerio de Cultura sobre Conservación de Obras de Arte, allá por 1982, que consiguió crear un Decreto por el cual los restauradores empezaron a ser reconocidos como tales en los proyectos sin la necesidad de que un arquitecto los rubricara y diera de paso. Es decir, Nieto logró darle “al César lo que es del César”.

Es complicado resumir su experiencia porque tendríamos que remontarnos una tesis doctoral, la que sobre su figura publicó la Universidad Politécnica de Valencia en el año

2013. Pero es cierto que en Mariano Nieto es imprescindible contar que fue restaurador del Museo Nacional de Escultura de Valladolid de 1964 a 1989, que ha participado durante 30 años como miembro de la parte científica y ejecutiva del Congreso de Conservación y Restauración de Bienes Culturales celebrado en diferentes localidades de España, que en 1980 creó y posteriormente dirigió hasta 1988 el Curso Internacional de Estudio y Conservación de Imaginería Castellana y que, en 2001, el Ministerio de Educación y Cultura le nombra Restaurador del Instituto del Patrimonio Histórico Español.

Incontables han sido las obras escultóricas enfermas sanadas por el restaurador, el primero en conseguir esta titulación en Castilla y León y pionero en darse de alta como

“Restaurador de Bellas Artes” en España, que cura y embellece el arte desde principios de los años 60 combinando la intuición y la técnica más depurada. Un método que combina lo artesanal con las nuevas tecnologías y que se traduce en restauraciones impecables en las que lo original y lo retocado o añadido se integran hasta colmar las expectativas más altas de cualquier devoto del Patrimonio y la Imaginería Castellana.